
Aún tratándose de una intervención de carácter temporal, su construcción y puesta en escena se aproximan a la idea de arquitectura y, por tanto, convierte a su autor en arquitecto. Obviedad que merece la pena precisar conociendo las estrategias y métodos de los que se sirve Cirugeda para plantear su trabajo. El proceso constructivo, tal y como viene siendo habitual en sus proyectos, se basa en el principio de una fórmula o patrón aplicable a cualquier otra situación arquitectónica previa. Bajo el esquema organizativo Recetas Urbanas, que el artista pone a disposición de los potenciales autores de estas soluciones constructivas, se establece un repertorio de funciones y responsabilidades que van desde la arquitectura (el arquitecto), la edificación (el constructor, los operarios), el tejido social (los usuarios), la subversión urbana (el okupa)… todos ellos agentes que han de establecer sus propias leyes y accionar nuevos dispositivos de choque en el ámbito de las legalidades urbanas.


A través de un vocabulario arquitectónico estridente con el contexto urbano que la rodea, esta intervención, que parasita la fachada más pública del edificio preexistente, constituye una verdadera declaración de intenciones sobre el papel y responsabilidades de la institución museística. Entendida la ciudad como marco definitivo de actuación -no sólo por sus capacidades como posible escenario en el cual intervenir sino sobre todo por constituirse como una red compleja de situaciones, de confluencias y desencuentros, de energía social en definitiva- esta prótesis o parásito construido representa no sólo una antesala de reunión y negociación sino también un espacio de resistencia.


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