que explora dos aspectos relacionados: la transformación del cuerpo (su representación, su anatomía y sus lenguajes) mediante la proximidad de la cámara y el encuadre fragmentado, y la transformación
en la propiocepción que se produce cuando el cuerpo improvisa a través de su imagen fragmentada.
En las fotografías el trabajo se centra en el encuadre, la proximidad, el foco y la luz. Las imágenes en blanco y negro no tienen procesado digital. De nuevo se explora el medio fotográfico cuestionando la categoría de objetividad y materialidad. Los encuadres exploran la frontera de lo abstracto, donde apenas aún reconoces que es un cuerpo, o dejas de reconocerlo por completo. Surgen los interrogantes: ¿es esto un cuerpo?, ¿qué parte de qué cuerpo? Es un elemento extraño y al mismo tiempo tan cercano, su exceso te absorbe, te desborda en todas direcciones, no puede contenerse: es un cuerpo abierto que habla, puro exceso y presencia. Paisajes y formas inciertas que pueden o no sedimentar en el terreno de lo concreto: en su incertidumbre, en su pasaje fronterizo su potencial de significados se abre en todas direcciones.

En las series de vídeo (videodanza y cine abstracto) se exploran encuadres similares pero la dimensión temporal añade un aspecto crucial: la abstracción del movimiento, del gesto, de la temporalidad del cuerpo. Se trata de una exploración de micromovimientos, en evolución minimalista, como fonemas y sílabas de un nuevo lenguaje, que es al mismo tiempo familiar en su extrañeza: cualquier movimiento de los que el cuerpo realiza inconscientemente puede de pronto adquirir un significado ampliado y nuevo, que explora el potencial de ser del cuerpo en una explosión de significantes abiertos.
Pero el aspecto más interesante del proceso no es la edición de la pieza de vídeo, sino la improvisación delante de la cámara: me muevo con la mirada fija en la imagen que captura la cámara, proyectada en una pared o un monitor. Es mi cuerpo pero en un momento dado comienzo a percibirlo como otra cosa, la escala amplificada y la abstracción inducen al descubrimiento de horizontes nuevos del movimiento, la sensación, la consciencia, la propiocepción y el tiempo del cuerpo. De pronto pierdo el contacto con el cuerpo desde dentro para recobrarlo a través de esa imagen amplificada que se ha convertido en otro cuerpo. Me convierto en ese otro cuerpo que es al mismo tiempo mi cuerpo, o que ha dejado de ser el cuerpo de un sujeto y es simplemente, cuerpo, inmanencia. Cuanto más se profundiza en el proceso más se explora el nuevo horizonte de lenguajes, la improvisación sedimenta en una escritura, en una técnica.
Se trata también de una desterritorialización radical del cuerpo. Por ejemplo, puede ser en ocasiones difícil distinguir los órganos, puede confundirse una mano con un órgano sexual que palpita, pero acaso entones la mano es ese órgano sexual, estamos ante un cuerpo intensivo que balbucea en toda su potencia. ¿Erotización total del cuerpo o abstracción total?, o más bien se cuestiona el territorio normativo y discursivo del sexo: no puede ser pornografía pura, ni postpornografía, pues la materialidad del cuerpo, su anatomía y su forma, sus lenguajes y acciones, en el límite de la inteligiblidad, no pueden adscribirse nunca totalmente al territorio dado. No es género ni parodia del género, es otra cosa. No es relevante identificar las partes, sino perderse en el océano del puro exceso de la significación, pero sí intento conscientemente explorar el umbral inquietante en el que no estás seguro de lo que ves: el umbral de la representación y su morfogénesis.
Concepción, fotografía, vídeo y performer: Jaime del Val
Modelos y performers: Jaime del Val, Olinto Rubio y Daniel Serrano.
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